
También en el caso Polanski ha aparecido, como era previsible, el corporativismo irreflexivo. Pero ésta es la parte menos interesante del asunto: ocurre todos los días, entre los del cine como entre los del fútbol o los del PP. Flaco favor le hacen al director sus colegas: así poca batalla pueden presentar frente a quienes, en el otro lado, se empeñan en seguir al pie de la letra las leyes que regían en el estado de California allá por 1977. Y no me refiero a los jueces, de quienes no se espera otra cosa, sino a gente de la que se espera mucho más.
Reducirlo todo a lo que es legal o ilegal denota un claro temor a exponer las propias opiniones. ¿Desde cuándo la ley sirve para zanjar una conversación? Es decir, ¿quiénes y cuándo las usan para no tener que seguir tratando determinados asuntos? En casos con tintes morales como éste, siempre hemos denominado a los que no se atreven a decir lo que piensan (en ocasiones incluso condenando en público lo que en privado practican) como hipócritas y puritanos. En otros –por ejemplo cuando un comentarista político afecto a algún partido se niega a discutir determinadas conductas de “los suyos” sobre las cuales la ley ya les ha absuelto– yo les llamo ventajistas. La ley tiene tan poco que decir sobre tantas actitudes reprobables –desde la mala educación a la simple idiocia- que negarse a enjuiciarlas desde otros puntos de vista es, sencillamente, sabotear el debate.
Están, además, los progres de salón, que presumen continuamente de una apertura de mente ejemplar en cuestiones morales, evocando a Sade y a Foucault, pero que cuando se topan con casos concretos como el de Polanski prefieren citar las leyes de California de 1977. Yo creo que los que no somos jueces tenemos una ventaja, y deberíamos aprovecharla: cuando aquéllos dan su veredicto nosotros podemos seguir dándole vueltas al tema: se trate de Sade, de Foucault, del sexo con menores o de lo que nos dé la gana.
Whoopi Goldberg no es jueza ni lo pretende. Tiene toda la razón cuando dice que lo que pasó aquella noche en casa de Jack Nicholson no fue una “violación-violación”: fue una relación consentida entre una niña de trece años y un adulto. Esto puede ser irrelevante para los jueces de California, pero para buena parte del resto de humanos occidentales -que somos muchos-, no lo es en absoluto, como cuando diferenciamos entre el maltrato infantil y las bofetadas que nos daban nuestras madres de críos (aunque pensemos que se las podían haber ahorrado). Lo digo porque últimamente hay quien tampoco en esto ve la diferencia, y verla nos lleva a establecer más distinciones importantes.
No es lo mismo -ni hoy ni sobre todo en 1977- una niña de trece años hija de campesinos criada en una aldea como Cela, que una niña de trece años aspirante a modelo y que va a fiestas con las estrellas de Hollywood. Se me ocurren tantas diferencias que no sé por dónde empezar. Las más importantes para el caso son, además, las más obvias; tienen que ver con el sexo y las drogas, esas cosas horribles que por supuesto nuestra juventud tiene la decencia de no probar antes de la edad estipulada para ello por los jueces (qué haríamos sin ellos).
Tampoco es lo mismo acusar traumas insuperables después de tus relaciones consentidas con un adulto, que perdonar al adulto en cuestión, como ha hecho la otrora niña de trece años Samantha Geimer. Si de lo que estamos hablando es exclusivamente del caso entre Polanski y Geimer, no sé con qué ánimo se puede insistir en presentar a los protagonistas como un violador cualquiera y una violada más después de ver cómo lo lleva la chica:
Parece que muy mal no, de lo cual me alegro.Algunos se han preguntado –quiero creer que no sólo para meterse con Almodóvar- qué pensaríamos si el acusado fuese, en lugar de un cineasta famoso, un sacerdote. Bien, no he follado con ninguno, y tampoco con ninguna estrella de cine, pero algo me dice que lo segundo pulula por las mentes de las niñas de trece años con mayor frecuencia que lo primero, y sinceramente: no veo ningún misterio en ello. Supongo que alguien que dedica su vida a cantar las bondades de la castidad y luego se acuesta con la primera niña de trece años que entra en la iglesia no parece muy de fiar. Es decir, las razones por las cuales las niñas de trece años acaban en la cama con estrellas de cine y con sacerdotes se me antojan bastante distintas; no sé si tengo que entrar en detalles.
Una relación consentida entre una niña de trece años y un adulto no puede acarrear las mismas consecuencias hoy que hace 32 años, porque ningún acontecimiento, al cabo de 32 años (la mitad de la vida de un ser humano) conserva su originario poder de influencia, sea en el sentido que sea. Esto es tan claro como que incluso en casos de genocidio los que quieren pasar página aumentan exponencialmente a medida que el tiempo transcurre. O tan claro como que un Polanski de 44 años campando a sus anchas por un Hollywood repleto de niñas de trece años aspirantes a modelos no es lo mismo que un Polanski de 76 replegado en Europa con la mosca detrás de la oreja permanentemente.
Tampoco es lo mismo un tipo que, después de su primera vez, se pasa 32 años acostándose con niñas de trece años (o atracando joyerías, o militando en ETA), que alguien que, conforme pasa el tiempo, prefiere centrarse en hacer películas (o en ejercer la abogacía, o en dirigir bibliotecas nacionales), como ha sucedido en el caso de Polanski y en el de otras personas que todos conocemos. Se le llama rehabilitación, y si creemos en ella como verdadero objetivo de la pena, tendremos que convenir en que Polanski ya se ha rehabilitado, creo que con bastante acierto. Vamos, que nadie duda de que la ley debe ser igual para todos (por eso, como reclama Bernard-Henri Lévy, alguien debería recordarnos a qué otro acusado se le ha ido a buscar 32 años después por la misma causa que a Polanski), pero si se trata de hacer un juicio paralelo al director –cosa que me parece muy bien-, miremos por favor un poquito más allá de la letra de las leyes de California de 1977.
Hasta aquí no veo qué pinta el arte en todo el asunto, y sin embargo leo todos los días a gente indignada que no para de advertir que la obra de Polanski no puede eximirle de sus responsabilidades penales, y que esgrimir sus películas en su defensa es vergonzoso. Bien, para mí todo lo que he expuesto arriba vale tanto para un director de cine como para un panadero. Pero si se trata de juzgar al artista, también me apunto. Creo no ser el único en preferir una situación en la que Polanski pueda hacer más películas a otra en la que tenga que pasar cuatro años –nunca se sabe si los últimos de su vida- encerrado en una prisión. Lo prefiero porque siento que le debo lo suficiente como para considerar más que saldada su cuenta, que es, recordemos: una relación consentida con una menor, hace 32 años. El mundo va un poco de esto, de qué le debemos a la gente, y millones de personas le deben mucho a las películas de Polanski. Que se trate de un artista no constituye la excusa para escaquearse de la justicia, como muchos claman escandalizados, sino que es precisamente la prueba principal que avala su rehabilitación, se sustenten sus películas en una denuncia del Holocausto o en las ocurrencias de Pérez Reverte; eso es lo de menos.
Al hilo de esto último, y para terminar: que con frecuencia el arte haga más por nosotros que la gente que nos rodea puede ser lamentable, sin embargo sucede. No voy a decir que, en ese hipotético caso tan recurrente, elegiría la muerte de un ser humano antes que la destrucción del Museo del Prado. Pero mentiría si no dijese que tendría que pensármelo al menos un poco. Quizás mucho.


12 comentarios:
Estoy de acuerdo en todo lo que dices.
Ampararse en la moral es una hipocresía y hacerlo en la ley es crueldad consciente.Me alegro de que hayas tocado este tema y de que estés bien informado.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pardinas.htm
Déle las vueltas que quiera, su post prueba exactamente lo que quiere refutar: disculpas al cineasta porque claro, ya se sabe la vida de los artistas, sus debilidades, etc. Patético.
Artemisa: creo que sólo lee usted lo que quiere leer.
Anónimo: ¿qué me quiere contar con ese enlace?
Como sólo leo lo que quiero leer no volveré a leer su blog. Antes le recomiendo que lea también usted a los demás: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Violacion/violacion/elpepusocdgm/20091011elpdmgpan_1/Tes
donde dice la autora: "Samantha Geimer, la niña de la que él abusó, ha dicho: "Era alguien no acostumbrado a que le dijeran que no". Las personas comunes quieren que ese NO con el que ellas lidian a diario sea extensible a los privilegiados. Tan sencillo como eso. No vale que la víctima perdone. Un juicio no es una negociación entre la víctima y el acusado, ni un intercambio de cheques, como vergonzosamente ocurre en América. El hecho de que hubiera habido dinero de por medio no convertiría a Polanski en inocente, sino a la familia en cómplice.
a mi hay un matiz que se me escapa. me valen como argumentos que se ha rehabilitado, pero entiendo que si aceptamos la justicia como legítima el cauce razonable sería un juicio y que en él sea absuelto si verdaderamente está rehabilitado, y lo pongo en condicional porque lo ignoro.
O eso o no reconocemos la legitimidad de la justicia, pero ya entraríamos en unaconversación más larga.
Por otro lado, a mi lo que más inquietante me parece es que en su momento la denuncia se retiró a golpe de talonario, y eso no deja de ser un poco de mal gusto
Fiasco (y también Artemisa): yo acepto la legitimidad de la justicia, cómo no. Ocurre que desde el principio he advertido de que no hablo desde ese punto de vista. De vez en cuando sale en el telediario la noticia de un tipo pendiente de juicio por un robo que cometió hace veinte años, y sale a la luz justo cuando ya no caben más recursos y la pena (desproporcionada por esas cosas de la justicia) se le viene encima a alguien que ahora es un trabajador normal y coriente, con una familia, etcétera. En ese caso yo nunca digo "la ley es igual para todos; ha de cumplirse". Seguramente ha de cumplirse, no lo dudo. Pero yo prefiero decir: "el delito no era tan grave y la condena no va a arreglar nada". Es decir, lo mismo que digo en el caso Polanski. Ojo: no estoy diciendo que la justicia no actúe, digo simplemente -desde otro punto de vista- que me parece penoso que tenga que hacerlo.
y cabe esa posibilidad? que sea juzgado y absuelto porque se considere que carece de peligrosidad social? No tengo mucha idea de derecho, no se si eso es posible
Soy Gavito.
Hay algo que creo que no se ha comentado y que me gustaría añadir. Desde el comienzo de la historia legislativo-jurídica del hombre(me vale como principio el Código de Hammurabi)una de las notas esenciales de cualquier sistema normativo es su predecibilidad, nota que se traslada en la medida de lo posible a los que deben aplicar esas normas, los jueces. Con el señor Polansky ha habido de todo menos predecibilidad jurisdiccional. El caso se ha olvidado y luego retomado varias veces en los últimos años y curiosamente dichas decisiones, en princpio de carácter administrativo, solían coincidir con encuentros, o más bien desencuentros políticos, entre EEUU y Suiza, como por ejemplo el descontento estadounidense con las autoridades suizas cuando éstas se negaron a dar información bancaria relativa a cuentas sospechosasa de ciudadanos americanos. Todos, incluidos los delincuentes, sean cineastas o panaderos, tenemos derecho a exigir un sistema jurídico cuyos comportamientos o reacciones estén dentro de lo previsible. Entiendo que esto se vuelve especialemente complicado cuando se trata de sistemas jurídicos de países distintos intentando entenderse, pero creo que al menos habremos de reconocer que el señor Polansky ha sido vícitma de esa descoordinación. Se podría argumentar que sólo faltaba que, por ejemplo, un narcotraficante fuera avisado de cuándo va a perseguirlo el brazo de la ley. De nuevo por contraste nos definimos, uno es un profesional de la delincuencia, por así decirlo se paga "los huevos con tomate" con sus crímenes, y el otro se los paga haciéndonos películas. La ley debe ser igual para los iguales y desigual para los desiguales, no lo olvidemos. Definir qué es igual y qué es desigual supone la esencia de cualquier discusión moral. Y en mi opinión nunca debería darnos miedo plantearnos un análisis de este tipo, aunque a veces pueda dar un poco de vértigo su respuesta. Agradezco el esfuerzo de personas como Rubén Pardiñas que siempre están dispuestas a plantearse y con ello planternos temas tan controvertidos.
Gracias, Gavito; muy interesante lo que comentas. Yo como no sé de leyes no voy entrar a discutirlas (repito que el artículo no iba de eso), y esto vale también para lo último dicho por Fiasco.
Polanski obtiene la libertad bajo fianza de tres millones de euros
Animo, Rubén. Das en el clavo.
Salud
Publicar un comentario en la entrada