lunes, 8 de marzo de 2010

Valencia, donde el arte sí importa


Valencia es un sitio divertidísimo en el que, además, hay unas polémicas artísticas estupendas, como del siglo pasado, que era cuando cuando el arte molestaba (aunque fuese a cuatro). Tienen también alguna controversia lingüística que, para avivar el ya de por sí caldeado ambiente artístico levantino, es puro Dadá, controversia que además en Valencia no se limita a la mera cháchara de bar: la ocurrencia de que el valenciano es un idioma diferente del catalán merece un refrendo a la altura del dislate: allí montan toda una Academia, nombran académicos, intentan cambiar la filología… aunque hasta ahora nadie les haya tomado en serio (ya se sabe: el sino de la vanguardia). Todo promovido por el Partido Popular, ese gran amigo de los dialectos regionales. Y es que, como todos sabemos, la cultura en general y el arte en particular mandan en el PP. Después de Lenin, Hitler y Stalin, puede que no haya habido políticos tan preocupados por el poder de la imagen como los del PP valenciano.

Yo no voy a discutir si Valencia es el lugar apropiado para un Museo de la Ilustración y la Modernidad como el que tienen. Lo que está fuera de toda duda es que el hecho de que la censura más burda haya aflorado precisamente en una exposición de fotografía montada en ese centro constituye todo un hito en el empeño de Valencia por convertirse en el último bastión de uno de los movimientos de vanguardia más importantes (el surrealismo). Hace tiempo, el entonces Conseller de Cultura Esteban González Pons ya justificó la censura de la muestra “Poéticas de la violencia”, que Manuel García había organizado en el Espai d´Art Contemporani de Castelló. Decía González Pons, todo ufano, que “la violencia no puede dar lugar a ninguna poética ni a ningún arte”. Toda una lección de estética. De “Sensation” el alcalde de Nueva York Giuliani sólo dijo que los animales de Hirst y la cama de Emin eran mierda, y sus amenazas de retirar las ayudas al Brooklyn Museum se quedaron en eso. La verdad es que da asco tan poco compromiso con las convicciones artísticas. Afortunadamente siempre nos quedará Valencia, donde el mismo presidente Camps se refería hace años a alguien llamado Antonio de Felipe como “mi pintor”. Lo de menos es que De Felipe fuese calificado en un comunicado de los galeristas valencianos como uno de los peores artistas de la Comunidad, y que el elogio de Camps le fuese dedicado a este Warhol fallero justo después de que el IVAM se hubiese gastado 132.000 euros en la adquisición de doce de esos pósters que habitualmente adornan los decorados de 7 vidas y otras series españolas parecidas.

La última astracanada: la retirada en el MUVIM de unas fotos que proponían un recorrido por el pasado curso político valenciano, entre las cuales las había tan peligrosas como aquellas en las que aparecía una botella de vino en la mesa del camarada Stalin, y que fueron convenientemente purgadas:




Hoy, un tipo serio como Romà de la Calle, ha dimitido como director del museo. Quedamos a la espera del próximo episodio que nos regalen los últimos políticos para quienes el arte sí importa de verdad (no necesariamente protagonizado por Calatrava).

4 comentarios:

Cristina Ortiz dijo...

Realmente al retirar las fotos, que pro cierto son buenísimas consiguen el efecto contrario.
Muy buena crítica.

Rubén dijo...

Gracias por tus comentarios, Cristina.

Rubén dijo...

Bueno, rectifico: hay quienes consideran que el arte tiene todavía más poder. En su caso se comprende porque se dedican a la profesión de "fanáticos religiosos"; lo penoso es que sea precisamente un colega quien opinione esto.

el morito dijo...

No entiendo que hayan retirado las fotografias.En la CASA DEL HOMBRE hay fotografias de simios,cocodrilos etc. y no pasa nada.!No lo entiendo !