lunes, 10 de mayo de 2010

Lo más profundo es la piel


Lo más profundo es la piel trata de los acercamientos al concepto de piel (entendido ampliamente) hechos desde el arte, sobre la gran variedad de aproximaciones que un buen número de artistas, cineastas y arquitectos nos han ofrecido sobre un tema tan sugerente. La pieza, cuyo título está inspirado en una famosa frase de Paul Valéry, traza un recorrido por muchas de las obras que han ido configurando toda una dermatología del arte. Una diversidad de enfoques y temáticas que, comentadas por el ensayista y crítico del arte de la Universidade de Vigo Alberto Ruiz de Samaniego y el profesor de Historia de la Arquitectura de la Universidade d´A Coruña Miguel Abelleira, articulan una visión de conjunto heterogénea y multidisciplinar. Todo a través de la obra de artistas como Joseph Beuys, Yves Klein, Jana Sterbak, Damien Hirst, Peter Greenaway, David Cronenberg, Mies van der Rohe y muchos más.

Desde hace siglos la piel evoca separación y vínculo. Por este carácter de frontera entre nosotros y el mundo, simboliza eficazmente múltiples paradojas de la sociedad actual, y así parecen percibirla un buen número de artistas. La piel se ha revelado como una metáfora idónea sobre la ambigüedad posmoderna; como advirtió el filósofo Jean-François Lyotrad, "la superficie del cuerpo no es una superficie comparable a un telón o a una pantalla de cine o a una tela para pintar. Está llena de agujeros, o, más bien, los agujeros son parte de la piel, la piel forma involución cavando lo que se llama un interior (porque adopta el punto de vista del teatro), pero que es tan exterior como el exterior".

Ninguna otra parte del cuerpo es tan limitadora y, al mismo tiempo, tan definitoria de nuestra identidad. En este sentido, Lo más profundo es la piel bascula en todo momento entre los artistas que nos ofrecieron una visión alentadora de la piel metafórica y los que la contemplaron como un motivo de denuncia. Porque, si hacemos un poco de historia, veremos que frente a concepciones liberadoras como las defendidas por los activistas del body art -en lo que fueron los últimos coletazos de una vanguardia utópica-, las obras de las últimas generaciones denotan un desencanto y frustración notables, actitud ilustrada con frecuencia a través de pieles consideradas más como cárceles que como soportes para la emancipación (las películas de David Cronenberg son en esto paradigmáticas).

En los años 60 el accionista vienés Gunter Brüs, célebre por sus actuaciones sobre la propia piel, explicó la opción emancipatoria: "La auto-pintura es una evolución de la pintura. El lienzo ha perdido su función como único soporte de expresión. La pintura ha vuelto a sus orígenes, al muro, al objeto, al ser vivo, al cuerpo humano. [...] Todo se tiñe de blanco, todo se convierte en lienzo." En la misma época, Piero Manzzoni elevaba a la categoría de obra de arte los cuerpos sobre cuya piel firmaba. Pero veinte años después, toda ingenuidad había desaparecido ya. El esqueleto radiografado de Barbara Kruger en Memory is Your Image of Perfection, o las marcas cicatrizadas de firmas comerciales como Bvlgari o Nike simuladas sobre la piel de modelos publicitarias (obra de Daniele Buetti) no hacían sino asociar la piel a una especie de esclavitud, de carácter más estético en el primer caso, en el segundo incidiendo más en lo económico, pero ambos vinculados a una crítica del capitalismo. Como dejó escrito Juan Antonio Ramírez, "el interior del cuerpo (el esqueleto) es lo permanente, y la envoltura no visible (carne y piel) se presenta como algo sometido a las inevitables transformaciones aportadas por el tiempo. La transparencia parece ser para Kruger una manera de contemplar la esencia" [...] "Si la firma del artista convertía al cuerpo en obra de arte, la marca escarificada en las imágenes de Buetti lo transforma en mercancía."

La piel ha sido considerada, además, como un archivo privilegiado de nuestra trayectoria vital. La tradición de este enfoque es riquísima, y Lo más profundo es la piel se acerca también a ella. Desde el Andy Warhol fotografiado por Richard Avedon, en el que sólo mostró su torso cicatrizado después del atentado sufrido en 1968, hasta las performances de Santiago Sierra en las que varias personas se dejaban tatuar a cambio de dinero, pasando por la trayectoria de Orlan o las múltiples reflexiones que el tatuaje ha suscitado.

El cortometraje fue una iniciativa del extinto portal arte-net.org, y fue producido por Metropolitano P. C. (productora también desaparecida) para ser proyectado entre noviembre y diciembre de 2004 en el BAC! V Festival Internacional de Arte Contemporáneo en Barcelona.

Lo más profundo es la piel (1/4) from ARTELLANDO on Vimeo.



Lo más profundo es la piel (2/4) from ARTELLANDO on Vimeo.



Lo más profundo es la piel (3/4) from ARTELLANDO on Vimeo.



Lo más profundo es la piel (4/4) from ARTELLANDO on Vimeo.

martes, 4 de mayo de 2010

Metalenguaje III

The Hustler, Robert Rossen, 1961

“¿Cómo puedo perder?”, le dice Eddie Felson a su patrón en 1961, consciente de que no se puede perder nada si ya se ha perdido todo; él sólo vive porque es cautivo de su inmenso talento, tan grande que no hay más opción. Es lo que se preguntaban los directores de cine americanos que despuntaron a finales de los 70 y principios de los 80 (los Lucas, Spielberg, De Palma, Coppola y Scorsese), los mismos que con un ojo permanentemente puesto en historias sobre la dignidad como El Buscavidas cambiaron el cine a base de taquillazos, vamos: los que se lo cargaron todo queriendo explicarnos todo más fácilmente. “¿Cómo puedo perder?”, pensaban ingenuos. Eddie Felson anunciaba en 1986 que había vuelto. Pero lo cierto es que era el niñato de al lado (Cienciología incluida) el que había llegado para quedarse.


The Color of Money, Martin Scorsese, 1986

Metalenguaje II

Cuando empezó, la muerte ya estaba acechándole; aun así no hizo nada por esquivarla. Y si alguien podía, era él; un atleta que burlaba a todos con sus acrobacias, en la Lombardía medieval y también en un barco pirata del XVIII. Fue un trapecista que había dejado el trapecio y un boxeador que había dejado el boxeo. El último de los apaches en su tierra y el primero de los bandidos en Veracruz. Predicó la palabra de Dios sin creérsela demasiado, pero después servir al diablo, supo, en su juicio final, estar a la altura. Pensó que algo tenía que cambiar para que todo siguiese igual, aunque no tardó demasiado en hacer todo lo posible por abocarnos a un desastre nuclear. Y sin embargo fue capaz de detener un tren para salvar el arte.

Cuando tuvo que resignarse al papel de simple mafioso de tercera olvidado por todos, a quien lo único que queda es espiar cada noche a la vecina de enfrente, estaba claro que también iba a ser el mejor. Incluso para ser un perdedor miserable hay que tener cierto background. Y el suyo -eso debió de pensar Louis Malle- no tenía parangón; lo había hecho absolutamente todo.



Atlantic City, Louis Malle, 1980

lunes, 3 de mayo de 2010

Metalenguaje I

¿Es Michael Corleone recordando su pasado? ¿O más bien Al Pacino, y Coppola con él, sobrepasados al escuchar el tema de El Padrino, ante la evidencia de que las dos primeras son eternas y al mismo tiempo inalcanzables?


The Godfather: Part III, Francis Ford Coppola, 1990

martes, 27 de abril de 2010

El valor de la crítica

El valor intrínseco -la esencia- de las cosas, la verdad en definitiva, seduce todavía a un montón de gente. A menudo vemos cómo muchos buscadores de estos Santos Griales intentan desacreditar el arte de hoy en día -el que no son capaces de encajar en sus esquemas mentales- sancionándolo como mero discurso elaborado desde fuera por los críticos. No lo consiguen, en mi opinión; nunca he sabido qué hay de malo en eso que ellos describen tan acertadamente. Estoy más lejos de saberlo cada vez que encuentro a alguien cuya lectura de una obra de arte (o de un libro o una música) es capaz de hacer tambalear mi propia interpretación, a veces destruyéndola definitivamente. Recientemente me ha vuelto a ocurrir. Sucedió casi a traición, de un modo tan sorpresivo que al principio pensé que el autor se estaba aprovechando de mí. Pero a medida que seguí leyendo, no pude más que rendirme.

Like a Rolling Stone: Bob Dylan en la encrucijada de Greil Marcus se puede describir - así reza en la contraportada del libro- como la biografía de una canción. Marcus no es historiador, sino crítico, con lo cual esta biografía no gustará a los amigos de la Verdad. Hay en ella datos históricos y descripciones más o menos técnicas, sí, pero su valor reside en la multitud de digresiones e interpretaciones personales con las que el autor articula su relato sobre la que para muchos es la mejor canción de la historia; recordemos su estribillo:

"¿Qué se siente?
¿Qué se siente
A solas en la vida
Sin hogar en tu camino
Por todos ignorada
Como un canto que rueda?"

Hacia el final del libro, Marcus ya nos tiene exhaustos después de toda una odisea musical, que va desde la grabación de "Like a Rolling Stone" el 15 de junio de 1965 hasta un momento cualquiera de hoy mismo, cuando la canción suena en algún bar y nadie puede seguir haciendo lo mismo, o al menos no de la misma manera. Marcus se pone conclusivo, y escribe:

"Hay canciones que en verdad tienen lugar en el territorio abierto por "Like a Rolling Stone", que siguen la senda dejada por el modo de vida que la canción exige y reclama, el fin de todas las mentiras, el rechazo de toda comodidad, incluso la de tu propio nombre. Una de ellas es "Highlands" (1997) de Dylan, una canción mucho más larga que "Like a Rolling Stone"; otra es la versión que en 1993 hicieron los Pet Shop Boys de "Go West" (1979) de los Village People."

En la edición española del libro este párrafo es lo último que se lee en la página 183, y al llegar aquí yo no estaba muy seguro de querer pasar a la siguiente. Finalmente lo hice, con la esperanza de que Marcus olvidase "Go West" y se encaminase hacia el final apoteósico de la odisea dylaniana. Pero no era así. Me esperaban tres páginas enteras sobre "Go West". Sobre el original, es decir, esto:

... y sobre la versión, esto otro:

"Si no hay más remedio...", pensé, y me dispuse a leer lo que este tipo tenía que decir sobre la cancioncita de marras:

"Los Village People eran puro kitsch. Actuaban como un catálogo de fetiches gay, con los cantantes disfrazados de policía, obrero de la construcción, vaquero, motero, soldado y jefe indio. Por unos pocos meses su éxito fue enorme: una parodia grosera de cada fantasía homofóbica sobre cómo se divertían los homosexuales, es decir, un espectáculo de cultura gay que hasta un homófobo podía disfrutar. [...] En 1979, como en el Verano del Amor de 1967, la gente que nunca se sintió cómoda en su propia ciudad inundaba las casas de madera y las atestadas calles del barrio de Castro en San Francisco, la zona gay que tenía su propio alcalde no oficial, el concejal Harvey Milk. No importaba que, junto con el alcalde George Moscone, Milk hubiese sido asesinado por un concejal homófobo el año antes de que "Go West" entrase en las listas de éxitos; esto era pop, con su propio sentido del tiempo. "Go West" fue el "San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair)" de Scott McKenzie doce años más tarde, e igual de deleznable; como historias que se repetían a sí mismas, ambas eran versiones del "Sweet Betsy from Pike" que los buscadores de oro cantaban camino de San Francisco más de un siglo antes de que cualquiera de ellas existiera. En 1979 nadie había oído hablar del SIDA."

Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Era la última frase de Marcus, sin duda, pero también todo lo que pensé inmediatemente depués de leerla. Yo había bailado unas cuantas veces el "Go West" de Pet Shop Boys durante los primeros 90´s, y me había reído de ella muchas veces más. Recordaba perfectamente la parafernalia comunista del vídeo, y cómo despotricaba con mis amigos en contra de aquel facilismo mainstream. Me sentí un poco imbécil, y al seguir leyendo descubrí que aquello sólo era el principio:

"Los Pet Shop Boys eran tan londinenses como la niebla y las luces de gas. Neil Tennant cantaba, Chris Lowe a los sintetizadores formaba el resto del grupo, y desde mediados los ochenta crearon un retrato de la vida urbana moderna donde los personajes de sus canciones podían ser gays o heterosexuales, jóvenes o viejos, en busca o a la espera de algo. Las canciones
[...] eran sutiles, matices sobre matices, a veces tan delicadas que parecía que una inflexión errónea podía romper la canción en dos. "Go West" no era tan delicada, y para cuando los Pet Shop Boys la adoptaron ya estaba rota. Aún más que Greenwich Village (el lugar donde el empresario Jacques Morali, muerto de SIDA en 1991, se inspiró para bautizar a los Village People), el Castro era en 1993 una casa encantada, un barrio de funerales y muertos ambulantes. Como dijo un amigo un año antes de morir, era un lugar donde la gente hacía cola "hasta que le tocaba su número".
Ésta era la voz que los Pet Shop Boys pusieron en "Go West" en 1993. Había el sonido de las gaviotas, de las olas rompiendo en la Ocean Beach de San Francisco, y a continuación un coro masculino de dieciséis voces que cantaba como el Ejército Rojo, fuerte, varonil e indomable. Con su voz delgada y casi de disculpa, la voz de alguien que nunca ha creído por completo que merece ser feliz, Neil Tennant continuaba. "JUNTOS" anunciaba el coro. "Seguiremos nuestro camino", respondía Tennant:

JUNTOS volaremos alto
JUNTOS diremos adiós a nuestros amigos
JUNTOS comenzaremos una nueva vida
esto es lo que haremos JUNTOS

"VE AL OESTE", cantaba el coro. "Ése es nuestro destino", cantaba Tennant, la enorme idea aún pequeña pero innegable en su boca. Las banderas se desplegaban, y el viento las hacía ondear con fuerza. El sonido era como el sol, un sonido disco estimulante con una máquina de ritmos convertida en un patriota yanqui del siglo veinte. La canción recogía en sí toda la historia norteamericana reclamándola como propia, y decía que nunca terminaría. "Allí donde el aire es libre -cantaba Tennant- ESTAREMOS. " "SEREMOS -respondía el coro- lo que queremos ser". El coro cantaba, elevándose sobre su propio aire. "Ahora -cantaba Tennant siguiendo los pasos de millones, desde Sir Walter Raleigh a Daniel Boone, desde Calamity Jane al mismo Harvey Milk nacido en Long Island-, si persistimos, la encontraremos, ENCONTRAREMOS... nuestra tierra prometida."
Y luego la canción sobrevolaba las montañas, valles ríos, océanos, cada línea más expansiva, más triunfante, heroica y modesta que la anterior, porque los cantantes no estaban exigiendo más que lo que cualquiera podría considerar como un derecho inalienable. A medida que el coro tronaba una y otra vez, y Tennant y el coro intercambiaban sus papeles

Al oeste AL AIRE LIBRE
Al oeste TÚ Y YO
Al oeste ¡ÉSE ES NUESTRO DESTINO!

uno se elevaba hasta la historia que estaba oyendo, ansioso por unirse, incluso si antes o después uno se daba cuenta de que la masiva voz del coro representaba la voz de todos los muertos, y que Tennant, con treinta y nueve años en 1993, era la voz de una aventura que había encontrado su fin antes de que él estuviese listo para participar en ella. Al escucharla se puede oír como la historia hace trizas la canción, pero la canción nunca abandona su cuerpo. A los cinco minutos parece continuar para siempre, y eso es lo que uno quiere. Es imposible escucharla sólo una vez."

Yo sólo puedo añadir 1) que también es imposible escucharla igual después de leer a Marcus, y 2) ¿quién es el idiota que va a salir con que los Pet Shop Boys no querían decir nada de todo esto?




(Las citas son de: Grel Marcus, Like a Rolling Stone: Bob Dylan en la encrucijada, Global Rhythm Press, Barcelona, p. 183-186)

viernes, 23 de abril de 2010

El Día del Libro

Es hoy, como todo el mundo sabe. Se trata de una tradición que pretende conmemorar la muerte de Shakespeare y Cervantes el 23 de abril de 1616. En realidad Shakespeare murió el 4 de mayo, pero los libros, que son los homenajeados, siguen prefiriendo la coincidencia, aunque sea falsa. Algunos han querido completarla con datos como el día del nacimiento de Nabokov, supongo que rabiando un poco por el hecho de que ni Dante, Goethe o gente así hayan nacido o muerto un 23 de abril. En Cataluña la celebración está más historiada, pues al coincidir con Sant Jordi, los hombres regalan a las mujeres una rosa (que simboliza la que nació de la sangre derramada por el dragón que San Jorge liquidó), y en agradecimiento las mujeres regalan a los hombres un libro, de manera que al cabo de los años los hombres atesoran unas bibliotecas estupendas y las mujeres nada. Dicen que hay mujeres que siguen encantadas con el trato. Yo no las conozco. Desde 1995 el Día del Libro tiene carácter internacional; la UNESCO lo instauró como el World Book and Copyright Day, metiéndonosla doblada a quienes pensamos que ese invento se ha convertido más en un impedimento para el avance de la cultura que en una garantía de no sé qué derechos. Es difícil hacerlo peor.

lunes, 19 de abril de 2010

Pedro Friedeberg: “Todo el arte del siglo XX es una vacilada, a veces seria, a veces humorística”

por Rubén Pardiñas

En unas pocas líneas que escribió sobre su visita al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, Jorge Ibargüengoitia supo resumir qué es lo que termina pasando cuando el arte se toma demasiado en serio su papel como correa de transmisión de las glorias patrias:

“Pasa uno al siguiente salón: México Independiente. Está dividido en periodos, los periodos, a su vez, en retratos; cada retrato tiene junto, la pechera ensangrentada, o el paliacate que usó en vida el retratado, y una explicación demasiado larga. Todo esto, entreverado con murales de los pintores chambistas de la Escuela Mexicana que aprovecharon el contrato para explicarnos por enésima vez cómo les vibran las almas al unísono con la cultura oficial.

Yo hubiera pensado que todo esto era didáctico y demasiado claro, si no es porque al salir oí que un niño le preguntaba a su madre:


-¿Quiénes eran los buenos, mamá?”
(1)

David Alfaro Siqueiros, Del porfirismo a la Revolución, 1957-1966

En 1960 Orozco y Diego Rivera estaban ya muertos, y Siqueiros (que ese mismo año sería encarcelado por acusar al presidente López Mateos de haber formado un gobierno de extrema derecha fuera de la Constitución) se esforzaba para que la llama del muralismo no se apagase definitivamente, nada menos que cuarenta años después de haber prendido.

De los artistas que entonces mostraron su descontento con la enquistada situación del arte mexicano, un grupo sobresalió por su audacia: Los Hartos, entre los cuales se encontraba Pedro Friedeberg. La I Confrontación Internacional de Hartistas Contemporáneos se organizó en 1961 en la galería de Antonio Souza, donde, entre otros, el “hilustrador” José Luis Cuevas expuso -en el país por excelencia de los muralistas- un mural completamente blanco. Sobre la Escuela Mexicana, Friedeberg no hace concesiones: “Se había vuelto aburridísima, repeticiosa, anticuada, ridícula, patética, provinciana, tonta, ingenua, monótona y estancada en un callejón sin salida. Siqueiros, por ejemplo, se había tornado en un fundamentalista que gritaba «No hay más ruta que la nuestra»”.

Folleto de la exposición de Los Hartos (click en la imagen para ampliar)

Pero el hartazgo no se debía únicamente a la cansina instrumentación política del arte. Los Hartos reaccionaban también contra la asunción mecánica de los modelos internacionales más en boga, que desde mediados de los 50 venía adoptando la generación de la Ruptura. Friedeberg, que se presentaba en la muestra hartista como el “harquitecto”, expuso allí unas mesas diseñadas de tal manera que era imposible sentarse a ellas. “Estamos hartos de la pretenciosa imposición de la lógica y de la razón, del funcionalismo” (2), rezaba el manifiesto del grupo. Otros participantes fueron la “hobjetivista” Kati Horna, con una fotografía de un perturbado mental, el “hindustrial” Francisco Avalos, con unos vidrios soplados, y el “have” Hinocencia: una gallina que aportó su propio huevo. El “hintelectual” de la iniciativa era Mathias Goeritz, en palabras de Friedeberg, “mi principal maestro, protector, defensor, consultor, preceptor, guía, asesor…”

La Confrontación Hartista en la prensa de la época (click en la imagen para ampliar)

- ¿De qué estaban tan hartos en el 61?

- Los Hartos estaban aburridos del eterno narcisismo que acompañaba a la publicidad de artistas, en su mayoría muy mediocres. El mismo problema ha existido desde el Renacimiento y sigue existiendo hoy.

- ¿Hoy más que nunca o igual que siempre?

- Hoy es peor, pues en el Renacimiento había talento y hoy no.

- Hábleme un poco de las reacciones de público y crítica a aquella “Confrontación Internacional de Hartistas Contemporáneos”.

- El público no estaba demasiado interesado en Los Hartos, lo tomaban más bien en tono de burla. Los artículos en los periódicos se referían a una “reunión festiva”, y Margarita Nelken (la crítica más seria en aquel tiempo) escribió un artículo titulado “Los Hartos como la vacilada final”.

- Pero, ¿no era en cierto modo una vacilada, en la tradición de las vaciladas duchampianas?

- Claro que sí, todo el arte del siglo XX es una vacilada, a veces seria, a veces humorística.

TV Control, 2004

Otro pasaje de aquel Manifiesto Hartista, que podría haber sido suscrito por Joseph Beuys, decía:

“Reconocemos la necesidad de abandonar los sueños ilusorios de la glorificación del yo y de desinflar el arte. Reconocemos que la obra humana, en la actualidad, se presenta con más vigor donde menos interviene el llamado artista. Reconocemos, cada vez más, la importancia del servicio, o sea, de cualquier acto abnegado basado en una ética natural, fuera de toda lógica -el cultivo de una hortaliza, el cumplimiento de un deber profesional o la educación de un niño.” (3)

Las referencias a Los Hartos en la bibliografía sobre conceptualismo mexicano son frecuentes. Friedeberg, por su parte, deja claro que siempre le ha gustado ir por libre: “Nunca he leído estudios sobre arte conceptual mexicano. No me interesa. El principal problema de los “artistas” contemporáneos es no tener ideas y expresarlas”. “¿Se refiere a expresarse a pesar de no tener nada que decir?”, pregunto. “OBVIAMENTE!”.

Happy Poet´s Room, 2007

Es difícil catalogar a Pedro Friedeberg. Nacido en Florencia de madre alemana que escapó del nazismo para recalar finalmente en México, la variedad de influencias culturales que han ido articulando su personal universo es infinita. Sus múltiples referencias incluyen la imaginería azteca e hinduista, la cábala, el art nouveau, el surrealismo y el dadaísmo, el Op art y el Pop, la psicodelia y el trabajo de artistas que, como Piranesi y Canaletto, alimentaron una concepción de la arquitectura como pura fantasía. “En sus dibujos fantasiosos (que no son todos), Canaletto fue un surrealista doscientos años antes de la invención de esta modalidad.”, explica.

Canaletto, Capriccio torre cilindrica e ponte lagunare, segunda mitad S. XVIII

- El mundo de hoy en día, ¿permite miradas surrealistas o dadaístas?

- El mundo de hoy en día permite absolutamente todo, entre más estúpido y banal más aplaudido.

- No sé si le entiendo. Me refería a si esas miradas no pueden caer también en “callejones sin salida”, o en nostalgias modernistas.

- Yo tampoco le entiendo a usted.

- ¿La disciplina (ser pintor, conceptual, performer…) es un problema?

- No problem!

Lo dice alguien cuya obra más conocida (con piezas en el Louvre y el MoMA, entre otros importantes museos) es un mueble. Su famosa silla-mano entusiasmó a André Breton, quien se refirió a él como un verdadero surrealista. Pero Friedeberg es mucho más que eso.

Silla-mano, diseñada en 1962

- ¿Se siente cómodo cuando se le cita (sus eclecticismo, sus referentes barrocos, etcétera) como un antecedente de la posmodernidad?

- Cualquier crítico con un mínimo de inteligencia y visión puede ver que vivimos en la época del súper barroco manierista del post-posmodernismo.

- ¿Por mucho tiempo o ya está caliente el próximo ismo?

- El próximo ismo siempre está a punto de hervor.

Friedeberg siempre ha preferido las vaciladas a la ortodoxia (vanguardista o de cualquier otra calse). Cuando estudiaba arquitectura le irritaba profundamente el Estilo Internacional. Si, en palabras de Adolf Loos, el ornamento era un delito, él debía ser el criminal más peligroso del mundo, así que abandonó la escuela sin preocuparse demasiado por si lo que el movimiento moderno estaba persiguiendo era la pureza del arte o abaratar costes, aunque ahora lo tiene claro: “Las dos cosas”.

When we can't get what we love we must love what we have, 1989


Wood sculpture 3 drawers mini chest, 2009

Le recuerdo a Friedeberg un famoso artículo de Vargas Llosa en el que decía que “la más inesperada y truculenta consecuencia de la evolución del arte moderno y la miríada de experimentos que lo nutren es que ya no existe criterio objetivo alguno que permita calificar o descalificar una obra de arte, ni situarla dentro de una jerarquía.“ (4)

- ¿Qué diferenciaba a Los Hartos de los que siguen añorando el orden jerárquico tradicional en las artes?

- ¿Me repite la pregunta, por favor? Creo que está respondida en sí misma. Los Hartos detestaban precisamente el orden jerárquico de las cosas.

National Anthems, 1988

- Alguna vez ha dicho que la excentricidad es uno de los valores que más admira en un artista. ¿Hasta qué punto no es precisamente la excentricidad el germen de la banalidad de buena parte del arte contemporáneo?

- Hay dos tipos de excentricidad. Una factible, “correcta”, válida y genuina. Y existe otra excentricidad falsa, artificial, fingida, mentirosa y afectada.

- ¿Qué significa “vanguardia” para usted? ¿Tiene sentido este concepto en la actualidad?

- La “vanguardia” siempre ha sido sinónimo de moda, de moda adelantada a su tiempo como demostración de superioridad y snobismo.

- ¿Eso es una crítica al snobismo o a la vanguardia?

- El snobismo es un arte culto y fino. La vanguardia es todo lo opuesto.



(1) Jorge Ibargüengoitia, “REGRESO AL CASTILLO. La historia como canción de cuna”, en Instrucciones para vivir en México, Editorial Joaquín Moriz, México, D. F., 1990, p. 50
(2) Ida Rodríguez Prampolini, El arte contemporáneo: esplendor y agonía, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D. F., 2006, p. 198
(3) Op. Cit, p. 198-199
(4) Mario Vargas Llosa, “Caca de elefante”, en El País, 21/09/1997

Fotografías obra Pedro Friedeberg: Karloz de la Parra Diaz
Imágenes Los Hartos: Archivo personal de Pedro Friedeberg
Cortesía: Reyna Henaine, New York
www.pedrofriedeberg.com

viernes, 9 de abril de 2010

Nacho Criado In Memoriam



"Se vive malamente; al colocarte la etiqueta de conceptual, te cuelgan un sambenito que te expulsa de los circuitos comerciales. Aunque quizá tenga sus ventajas. Guardo para mí mismo el 80% o el 90% de los trabajos. Mi herramienta es la memoria y hay quienes no lo entienden, pero no pierdo la esperanza".

Más en El País

jueves, 11 de marzo de 2010

La gran superproducción

En Lyon está el origen mismo del cine; allí inventaron los hermanos Lumière su aparatito, y allí rodaron su primera película, La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir, que como se sabe consiste en unos obreros saliendo de una fábrica. Después el invento evolucionó bastante, de manera que en la actualidad muchos piensan que el buen cine son cosas como Avatar. Pero en Lyon siguen sin gustar de las grandes superproducciones. Benditos sean.

lunes, 22 de febrero de 2010

Siete días en el mundo del arte


Acaba de publicarse en castellano
Seven Days in the Art World, de Sarah Thornton. Es un libro muy divertido, y -lo que tiene más mérito-, lo es sin caer en chistes fáciles sobre el arte contemporáneo, y sin renunciar a la ironía para mostrar la cara más chirriante de ese mundo que se reparten casi en exclusiva grandes egos y grandes millonarios.

Lo que diferencia al libro de Thornton de otros que tratan de desvelar algo así como la cara oculta del arte (como últimamente el exitoso El tiburón de 12 millones de dólares), es que la autora no deja de transmitir en todo momento su fascinación por el arte contemporáneo. Su actitud a favor de obra no le impide, sin embargo, poner el acento preciso en algunos de los aspectos y personajes que mejor definen lo que Juan Antonio Ramírez llamó
el "notorio magreo entre arte y dinero".

Thornton escribe realmente bien, y aunque el libro no incluye ni una sola fotografía, uno termina su lectura con la sensación de haber visto un buen documental sobre la escena artística actual. Los personajes que van apareciendo (casi todos muy conocidos: Nicholas Serota, Christopher Burge, Baldessari, Murakami...), están estupendamente caracterizados, y las anécdotas no son nunca gratuitas. Al final del libro la autora -licenciada en Historia del Arte y doctorada en Sociología- revela cómo ha construido su historia, metodología que de nuevo nos remite a cierto tipo de documentales:

"El flujo narrativo ha requerido, en algunos casos, lo que yo llamo "no-ficción desplazada": una cita extraída de una conversación telefónica es luego colocada en el contexto de un encuentro personal dentro de la escena del mundo del arte." (p. 235)

Siete días en el mundo del arte está organizado en otros tantos capítulos, cada uno dedicado a una jornada desarrollada en un ámbito y ciudad diferentes: la subasta (Nueva York), la crit (Valencia, California), la feria (Basilea), el Premio (Londres), La revista (Nueva York), la visita al estudio (Tokio) y la Biennale (Venecia). Otro gran acierto es haber condensado el discurso en unos cuantos personajes que, después de su presentación como protagonistas de un aspecto del arte, reaparecen con frecuencia como secundarios en los siguientes capítulos.

Aquí van unas breves declaraciones de algunos de los entrevistados:

La subasta (Una jornada en Christie´s)

Christopher Burge dirigiendo en Christie´s

"En las ventas después del 11 de septiembre", dice Juliette, "no había conexión con la realidad del mundo exterior. En lo más mínimo. Recuerdo que estaba sentada en la subasta, aquel noviembre, y le dije a Jack: ´vamos a salir de esta habitación y las Torres Gemelas van a estar en su lugar y todo estará bien en el mundo´"

(Una coleccionista que no quiso desvelar su identidad, p. 32)

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La
crit (Una clase en el California Institute of Arts)


Una crit en CalArts

"Creativo es definitivamente mala palabra", se burló uno. "No te conviene decirla en Post-Estudio. ¡Provocaría náuseas! Es casi tan vergonzante como hermoso, sublime u obra maestra."

(Unos alumnos de la clase de Michael Asher, p. 73)

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La feria (Art Basel)

Art Basel 2008

"Para algunos artistas, andar por aquí puede ser un poco enloquecedor. Además, hay que admitirlo: éste no es el mejor lugar para mostrar la obra. Aquí las notas más sutiles de una obra de arte quedan ahogadas por la cacofonía" [...] "Esto es como un concierto de free jazz con un mono borracho en la mesa de sonido."

(El galerista Jeff Poe, p. 105)

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El Premio (La gala del Premio Turner)

Yoko Ono felicita a Tomma Abst por el Premio Turner 2006

"Googleamos a los artistas, y el más conocido es el que más posibilidades parece tener. Sugiere pedigrí", dice. "Como un caballo, es una de seis o siete variables. Este año nos pareció que ya era hora de que fuera un pintor -para los legos, eso es el arte-, así que nuestro pronóstico en el momento de la nominación (en mayo) señalaba como favorita a Abts, seis a cuatro. Pero ahora warren se ha puesto en cabeza, por las apuestas de la gente." [Finalmente ganó Tomma Abts.]

(El portavoz de la agencia de apuestas William Hill, Rupert Adams, p. 125)

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La revista (La redacción de Artforum)

Un rincón de las oficinas de Arforum

"Escuchas a dos mecánicos de automóvil y no tienes idea de lo que están diciendo. Hay una especie de poesía en esas frases impenetrables. ¿Por qué no puede tener eso la crítica de arte?"

(El crítico Peter Schjeldahl, p. 153)

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La visita al estudio (el de Takashi Murakami)

Murakami y sus muñecos

"Antes pensaba que a mi equipo lo motivaba el dinero, pero lo más importante para la gente creativa es la sensación de que están aprendiendo. Es como el videojuego. Tienen frustración con mi alta expectativa, así que cuando reciben mi ´sí´por su trabajo sienten que ganaron un nivel" Se acarició la barbita puntiaguda. "Estoy pensando mucho en cómo relacionarme con la gente que tiene menos de treinta en Japón. Tengo que comunicarme con una sensación de videojuego."

(El artista Takashi Murakami, p. 186)

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La Biennale (de Venecia)

Performance de Michelangelo Pistoletto en la Biennale de 2009

"Ahora recibo un montón de invitaciones, pero por lo general digo que no", dijo con cierta satisfacción. "En Venecia , puedes juzgar el precio de mercado de cada artista basándote en la cantidad de fiestas a las que está invitado."

(El artista John Baldessari, p. 207-208)

lunes, 15 de febrero de 2010

Y ganaron los de siempre

Imagen promocional de Planet 51, Goya 2010 a la mejor película de animación.

Si lo que premiamos en nuestra propia colonia son las mejores imitaciones de cómo en USA se escribe, dirige, ilumina, decora y monta una película, ¿por qué nos quejamos de que el gran público prefiera siempre el original?

martes, 2 de febrero de 2010

Desahogos varios

Los comentarios que no tengan nada que ver con lo publicado serán trasladados a esta entrada (recomiendo hacerlos directamente aquí). Gracias.

viernes, 8 de enero de 2010

Lienzos (y mentes) en blanco


Por enésima vez se vuelve a representar en Madrid Arte, de Yasmina Reza, esa obra en la cual tres amigos discuten todo el rato después de que uno de ellos le regale a otro un lienzo en blanco valorado en 50.000 euros (una bagatela; ¿para cuándo un montaje que sustituya esa antigualla modernista por un tiburón en formol de 12 millones de dólares, o al menos una sardina de 6?).

Hoy en El Mundo hablan los actores, de los que cabría esperar interés por el tema de la obra en la que trabajan (no voy a decir conocimiento), alguna reflexión, una mínima inquietud, no sé, algo. Esto es lo que cuentan:

Pregunta.- ¿Alguna vez han hecho algo como comprarse un cuadro en blanco?

Javier Martín.- No. Realmente no entiendo muchas cosas del arte contemporáneo. A veces he vito cosas el tipo del cuadro en blanco y me ha parecido una tomdura de pelo.

Enrique San Francisco.- Pero es que tú no tienes ninguna sensibilidad...

Vicente Romero.- Yo tampoco.

E.S.F.- Hombre, si a mí me dijeran que un cuadro tiene ese valor, yo lo que haría sería llevármelo para intentar coger el dinero. Quiero decir: venderlo.


Hasta aquí podríamos pensar que están de broma. Ya se sabe, hay que ser gracioso y desenfadado cuando presentas tu nueva obra, da igual que se trate de Yasmina Reza o de Lina Morgan. Yo todavía estoy pensando en dónde había que reírse.

Ahora viene la parte seria:

P.- ¿Por qué creen que los seres humanos hacemos esas cosas: comprar cuadros en blanco, retretes rotos...? [¿Se referirá la intrépida periodista a la Fountain de Duchamp?]

E.S.F.- Bueno, los seres humanos hacemos unas cosas, hija de mi vida, que lo del cuadro este es lo de menos.

J.M.- Yo creo que hay mucha horterada y mucha tontería en este mundo. Hay gente que paga millones por un chupete con diamantes.
[¿Se referirá a la calavera de Damien Hirst?]

P.- Bueno, los diamantes todavía tienen un valor objetivo. Pero ¿y las deposiciones enlatadas que vendía un artista? [¿Se imaginan a un periodista deportivo hablando del "gol a Inglaterra que metió con la mano un futbolista"?]

E.S.F.- A mí me manda un tío una mierda en lata y... a ver si me entiendes, le digo: "Mándasela a tu puta madre".

Gabriel Olivares.- Cuando uno está dispuesto a pagar mucho por algo que no tiene valor para otro es porque le da exclusividad. Y, sentirte único es muy importante.


Se agradece que el director se haya animado a intervenir; desgraciadamente la periodista no nos describe la cara de póker del elenco ante tamaña revelación. El que remata la faena es Quique San Francisco:

E.S.F.- Había una cosa muy bonita de Unamuno que decía que un argentino es un buen negocio si lo compras por lo que cuasta y lo vendes por lo que dice que vale. Ahí está la diferencia entre lo que cuesta una cosa y lo que vale.

Muy bonita la cosa, sí señor. Hay que reconocerle que citar a Unamuno para contar una vez más el chiste de los argentinos tiene su mérito. Pero todo puede mejorar, y aquí sucede cuando esta gente se pone a hablar de lo que en realidad trata Arte:

P.- En cualquier caso, Arte no es una obra sobre teatro, sino sobre la amistad.

G.O.- Es un tratado sobre la amistad masculina, que es muy diferente. Yasmina Reza ha prohibido que esta obra se represente por mujeres.

P.- ¿Porque es impensable que las mujeres nos peleemos por estas cosas?

J.M.- (Se ríe) Es verdad. Los hombres tenemos un tipo de relación entre nosotros que no es igual que la que tenéis las mujeres entre vosotras. En agunas cosas tendrá que ver, pero tienen cosas muy distintas.
[Casi puedo asegurar que no se refiere a que les encanta ir de compras en comandita].

El resto de la entrevita, previsible, consiste en más psicología barata, que no cabría ni en el libro de autoayuda más ruin.

Un buen amigo mío dice con frecuencia que el mito del actor idiota capaz de interpretaciones sublimes gracias a la varita mágica de un director genial es sólo eso: un mito. Esto es obvio si pensamos que, por lo general, un actor tiene que comprender ideas y conceptos de una complejidad mucho mayor que la de las herramientas usadas por cualquier técnico de cine o teatro, gremio (el técnico) en el cual la estupidez no se tolera lo más mínimo (o eso se dice).

Hace poco hablaba aquí de la banalización general de las artes. Esta entrevista demuestra pefectamente a lo que me refería. El problema no es que haya actores de cerebro minúsculo, pues hay directores y dramaturgos -que lo tienen del mismo tamaño- que los necesitan. Lo triste es que sean estos mismos actores quienes aspiren a hacer Shakespeare , cuando ni tan siquiera han comprendido Arte (que ya es decir).

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Iván Zulueta In Memoriam

Entre otras cosas hizo la mejor película del cine español.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Descubre el arte (El mundo de los niños)

Esta Navidad me reencontré con un libro que fue importantísimo para mí, y ahora no soy capaz de quitármelo de la cabeza cuando leo simplezas y/o falsedades del calibre de las que, por ejemplo, suele escribir Juan Carlos Botero:

"Lo cierto es que a pesar de las diferencias de estilos y épocas, los pintores de todos los tiempos compartían un mismo objetivo: crear belleza y brindarle al espectador placer estético. Así se hizo durante milenios".

Es probable que Botero Jr. (hijo de Big Botero) no haya leído demasiado sobre lo sublime, lo abyecto o lo siniestro, categorías que como mínimo desde el siglo XVIII fueron minando el papel de la belleza en el arte. Lo que es seguro es que de pequeño no tuvo un libro como el mío -El mundo de los niños. Descubre el arte-, en cuya primera página se puede leer:

"Lo que un artista ha hecho
puede hacerte feliz o ponerte triste;
puede desconcertarte, sorprenderte

o hacerte reír;
puede decirte cosas
de lugares y gentes.
Puede incluso decirte quién lo ha hecho.

Los artistas y sus obras de arte
pueden ayudarte a descubrir
lo interesantes que pueden ser muchas cosas."


La mayoría de obras de arte que ilustran este libro de 1973 son pinturas y esculturas "tradicionales", de todas las épocas, desde el Antiguo Egipto hasta Pollock. Pero también encontramos lo siguiente:

"¿Has cogido alguna vez pedazos
de papel y tela
y los has pegado en un cartón
para hacer un cuadro?
Lo que has hecho ha sido un collage.
¿Qué utilizó el artista
para hacer el collage que ves en la fotografía?"


"Basura", imagino respondiendo de niño a Botero Jr., allá en el estudio de papá, rodeado de gordos que no paran de "brindarle placer estético al espectador". El collage de Schwitters es de 1934, época en la cual, por supuesto, muchos todavía juzgaban excesivo calificar de arte unos cuantos recortes y billetes de metro mal pegados. ¿Dónde estaba la mano del artista? ¿Pero, he dicho 1934? Botero Jr., en 2009, nos describe así "lo que hace la gente con el arte conceptual de hoy":

"Admira piezas que sus creadores a menudo ni siquiera hacen. El artista ya no crea una obra en el sentido tradicional, pues su talento se mide por el concepto, la idea, a tal punto que la figura la pueden fabricar otros. Aun así, el artista cobra una fortuna por la misma. El tiburón y los botiquines de remedios de Damien Hirst, por ejemplo, o las aspiradoras en cajas de acrílico de Jeff Koons (que el año pasado obtuvieron casi 12 millones de dólares en subasta), son piezas que estos artistas no hicieron con sus propias manos."

Insisto, creo que papá Botero debió comprarle a Botero Jr. el volumen Descubre el arte de El mundo de los niños. A esas edades, cosas como estas, marcan:

"¿Has pensado alguna vez
hacer un cuadro dentro de una caja?
Esto es lo que hizo este artista.
Recogió los objetos que ves y los juntó
para hacer un cuadro dentro de una caja.
Podría ser divertido ver
cómo haces tú un cuadro dentro de una caja."


Joseph Cornell, Conjunto de pompas de jabón, 1936

"Papá, sabes que prefiero hacer un señor gordo de arcilla." Pero dejémonos de cuentos y oigamos al Botero Jr. real, con sus buenos 49 años:

"Hoy, coleccionistas como Pinault o Saatchi compran piezas que, a menudo, ni siquiera son aptas para el público por grotescas y horrendas."

"Nuestro tiempo padece una grave ceguera cuando figuras influyentes en los medios dicen que Gustav Klimt o Andy Warhol son superiores a Da Vinci"

Y en este plan, una detrás de otra. Sobre lo "apto" y lo "no apto" para el público prefiero no decir nada, que me entran sudores fríos. Pero no puedo dejar de protestar: ¿qué culpa tiene en todo esto el pobre Klimt, quien con su beso omnipresente tanto ha hecho por la pintura figurativa, complaciente, bonita en definitiva? Lo siento, pero le tengo cariño a Klimt. Cuando en mi época de estudiante conseguía que alguna chica me dejase pasar la noche en su cama, él siempre estaba allí, en alguna pared.

Sigue Botero Jr.:

"Antes, el arte ennoblecía la vida, elevaba el espíritu y embellecía la existencia. Ahora, como estos creadores son incapaces de lograr esas metas superiores, afirman con desdén que ésa ya no es la intención del artista. Qué raro. Fue la meta durante milenios, la razón de ser del arte. En cambio, hoy nos debemos extasiar con las bañeras de Whiteread y los tubos de neón de Nauman. Y exclamar que son geniales. En suma: ésta es la mayor estafa en la historia del arte, y ya es hora de denunciarla."

Lo tiene claro, ¿eh? Sí, yo también veo muy difícil que él y otros como él vayan a cambiar de idea. Pero "muy difícil" no quiere decir "imposible". Leer ahora un libro como Descubre el arte puede que no surta los mismos efectos que cuando se tienen ocho años. Sin embargo yo lo intentaría. Salvo que se crea en una trama conceptual que durante nuestra infancia buscaba metérnosla doblada a base de propaganda duchampiana camuflada, uno no puede dejar de admirarse ante la sencillez de cosas como:

"Cuando miras una fotografía,
una estatua o cualquier otra cosa
la ves tanto con el cerebro
como con los ojos.

Los artistas miran las cosas con los ojos.
Pero también las miran con la imaginación."

(subrayado mío)

¿Para qué leer La transfiguración del lugar común de Danto si tenemos el Descubre el arte de El mundo de los niños (de autor anónimo por cierto)?

Felices fiestas.